viernes, 7 de octubre de 2016

Maldito Cupido

Un poquito más roto un día y al otro se cura para volver a romperse un poquito más, Pedazos esparcidos por todos los rincones de la habitación, pedazos que parece que no volverán a encajar. Es ahora cuando vuelves a construir un muro, es ahora cuando sientes que no volverás a decirle a nadie más 'te quiero'.

Sabes que este baile no podrá durar para siempre, sabes que terminará doliendo y que acabarás intentando recomponer todas las piezas que fuiste perdiendo cuando ibas bailando cegada por la bonita emoción de lo que creías que era el amor. El camino al olvido será largo y sabes que para ti un clavo no saca otro clavo porque tú querías quedarte en la primera página de lo que creías que iba a ser vuestra historia. 

Respiras porque estás viva, lloras porque sigues respirando, sientes porque lloras y respiras, pero notas que sientes demasiado, demasiada frustración, demasiada rabia y maldices, maldices a todas horas porque la vida ha sido caprichosa, porque Cupido ha querido joderte con esa flecha tan certera y quieres volver al pasado para esquivar esa flecha que tan afilada no tuvo ningún obstáculo para rasgarte la piel y llegar directa al corazón. 

Rabias, rabias porque escuece, porque todas las terminaciones nerviosas de tu piel le llaman y no viene, no quiere venir. Solo le pides al tiempo que te haga olvidar rápido, le pides que todo pase rápido, no te gusta estar así, no te gusta pensar en él. 

Maldices a la distancia, maldices los putos kilómetros que te separan de esa persona, maldices que no quiera pasar de unas cuantas horas, de unos kilómetros, maldices unos números que hacen de frontera, de jaula, de un cable de alambre con pinchos. 

¿Y qué te queda? Solo te queda esperar, esperar a que termine de hacer trizas lo que queda de tu solitario corazón, solo queda hundirte del todo para poder empezar a nadar a la superficie. 

Solo te queda escribir en un papel con la tinta del boli como te sientes y desahogarte como no podrías hacerlo con nadie más porque no lo entenderían, porque te encantaría decírselo todo a la cara pero no serviría de nada. 

jueves, 6 de octubre de 2016

Hieres

Busqué tus besos, tus caricias, tus abrazos, tus palabras, busqué tu mirada, pero solo encontré tus huidas, tus palabras vacías. Quería pasear de tu mano por el parque, buscaba que nuestras risas resonaran y chocaran contra el cielo, pero solo encontré el silencio.

Te busqué y no te encontré.

Me quitaste un pedacito de mí, te llevaste mi corazón sin la expectativa de llegar tan lejos, y, cuando viste todo el camino que habíamos recorrido con nuestros momentos no dudaste ni un momento en salir corriendo sin darte cuenta que aquel corazón que te llevaste, lo pisaste.

Intestaste reparar el daño que habías hecho. intentaste componer las piezas del rompecabezas que quedó de aquel desastre con palabras que se disiparon en el aire que no tenían peso alguno cuando no tienes coraje de comprometerte con un único corazón.
Lo que conseguiste fue herir, porque hieres, hieres porque prefieres los labios de otras a los míos, hieres porque prefieres recorrer otros cuerpos que recorrer mi cuerpo, hieres porque no te quieres aprender la constelación de mi cuerpo.

Hieres porque no me elegiste.

Qué aburrido sería el mundo si todo fuera perfecto

No quiero enamorarme si no es de mí misma porque para flores ya me las echo yo, para que me piropeen y me regalen los oídos, ya lo hago yo, y, puede que con ello peque de prepotente, pero si algo he aprendido es que es muy importante quererse y que no es algo que se limite simplemente a un adjetivo, va un paso más allá. Hablo del amor propio, ese amor que últimamente parece que está guardado al fondo de un oscuro cajón porque queremos llegar a obtener una belleza artificial y al no conseguirla tiramos en el camino este amor. No nos damos cuenta que lo maravilloso es ser perfectamente imperfectos porque, oigan bien, somos excepcionalmente asimétricos cuya naturaleza es la diversidad y esta realza nuestras peculiaridades, nuestras diferencias y nuestra variedad. 

No quiero querer si no es con la mano en el corazón, si no es a la persona que sé que va a estar a mi lado y se ha ganado estarlo, porque esa persona habrá soportado mis más y mis menos, mis rayamientos, mis arrepentimientos, mis llantos, mis risas y mi felicidad. 
Quiero saber que si te doy un pedacito de mi corazón y de mi alma, los cuidarás como si fuesen tuyos porque yo haría eso por ti. 

No quiero llorar si no es de la risa, no quiero que no me duelan mis mofletes porque eso querrá decir que no me he reído lo suficiente, quiero que me duela la barriga porque ello dirá que ha sido uno de los momentos de los que me gusta recordar. Pero sé que aunque me encante reír, tendré que llorar, tendré que estar triste y tendré que sentir dolor en algún momento de mi vida porque sé que así es como mejor se aprende y quiero aprender de mis errores para enriquecerme como persona. 

No quiero un para siempre, no creo en su fantástica duración y los vemos brillar por su ausencia, en lugar de ello, quiero que me acompañes en este camino que se llama vida, quiero que vivamos experiencias uno al lado del otro porque ese es el mejor plan que podría ofrecerte.

No quiero que me beses con los ojos abiertos, quiero que me beses como si navegaras en un barco del que nunca quieres bajar, un barco en el que sientas tanto que no pienses ni por un segundo en abrir los ojos porque quiero que sientas lo mismo que sentiré yo por ti. Si me quieres besar, bésame, pero bésame el alma y las heridas, no te quedes solo en los labios. Bésame con pasión, con deseo, bésame como nunca antes habías besado a nadie.

No quiero andar bajo la lluvia si es con paraguas, quiero sentir las gotas bajo mi piel, quiero bailar haciendo el loco, quiero que me mires como si estuviera loca, pero quiero que esa mirada me diga que tú estás loco por mí. Quiero que me beses y me hagas olvidar todo. 

Me gusta cuando recorres con las yemas de los dedos todos los recovecos  de mi cuerpo, cuando recorres mis lunares como si fueras astronauta en la galaxia. Me gusta cuando me erizas la piel, ya sea por tus manos, ya sea por los besos que me das en el cuello. Me gusta cuando recorres mi espalda, cuando me das la mano en los momentos más íntimos. 

Me gusta cuando me haces vibrar y cuando me miras con el anhelo en la mirada, pero, sobre todo, me gusta cuando me miras con amor.