Ya no recordaba como era sentir las lágrimas deslizarse mejilla abajo. No recordaba la punzada emocional que sentía dentro de mí, no recordaba el escozor en los ojos mientras iban saliendo de mis lagrimales. A veces intentaba contenerlas, pero una vez que cayó la primera ya no había vuelta atrás, era como intentar cortar el corriente de una cascada. Imposible. Y, mientras intentaba calmar mi propio afluente en silencio, intentando contener los sollozos en mitad de una oscuridad azabache tumbada en mi cama, me preguntaba por qué me sentía tan sola, por qué no podía tener a alguien justo en ese momento para que me mantuviera entre sus brazos. Porque la verdad era que me sentía más sola y rota que desde hacía mucho tiempo.
domingo, 12 de enero de 2014
martes, 7 de enero de 2014
Hasta el amanecer.
Era una noche confusa mezclada con demasiadas copas de alcohol y besos con sabor a despedida. Caminaban sin rumbo fijo, paseando entre risas y bromas, ella con los tacones colgados cual bolso y él con la chaqueta doblada en el hombro izquierdo. Quizá eran las tres o las cuatro de la madrugada, no tenían ni idea de la hora que era pues no llevaban reloj alguno, la única certeza era que estaban borrachos de amor y estaban andando a altas horas de la madrugada por la calle desierta. Conocían muy bien las consecuencias de mezclar el alcohol con el amor pero eran jóvenes, inundados de locura, arrastrados por la lujuria del momento. Apenas notaban el cansancio correr por sus venas, mayor era la adrenalina de deambular por las calles solitarias sin espías nocturnos. Sabían que eran cómplices del delito, por ello huían lo más lejos posible... ¿Qué cuál era el delito? Solo ellos lo sabían y siempre sería así, era su última noche juntos, al amanecer acabaría toda su magia, un alto precio que pagar para dos jóvenes enamorados.
lunes, 6 de enero de 2014
Caigo en el mismo círculo vicioso.
Vuelve a pasar, mi corazón está comenzando a latir con fuerza, está volviendo a encapricharse de otro músico de ojos azules y estúpida de mí que vuelve a hacerle caso y a escucharle. Otra vez más vuelvo a temblar por alguien, vuelvo a ponerme nerviosa y están empezando a nacer las primeras mariposas en mi estómago y lo único que quiero es poder hacerle caso a la razón y apartarme lo antes posible porque lo cierto es que tengo miedo, miedo al rechazo y al dolor porque pienso que no soy demasiado buena para gustarle y antes de si quiera ser su amiga ya siento que se me está rompiendo el corazón y no quiero volver a sufrir como la última vez. No busco que aparezca esa sonrisa tonta en mis labios. Además que lo último que quiero es tener un novio que sea componente de la misma banda en la que estoy. No quiero simplemente enamorarme de él.
Incierto.
Siempre está el pasado en tu cabeza que vuelve como si fuera el presente, como un jarro de agua fría. Es raro que a veces el pasado esté más constante en tus pensamientos que el propio presente, andas cavilando, intentando averiguar qué sucederá a continuación, qué pasará mañana. Hacemos planes de futuro, midiendo cada detalle cuidadosamente para que todo salga según lo planeado, buscamos la perfección. Nos desilusiona que después de haber estado planificando todo no salga según lo previsto. Nos enfadamos, tendemos a tener una pataleta infantil. La verdad es que a mí no me gustan los planes, prefiero mayormente que todo vaya surgiendo, que el presente me sorprenda con cosas agradables, pero de todos modos a veces no hay más remedio que planear muchas cosas.
No me gusta pensar en el futuro, simplemente me atosiga y nunca será como nos lo esperamos, ya que el futuro es algo total y completamente incierto.
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