Siempre está el pasado en tu cabeza que vuelve como si fuera el presente, como un jarro de agua fría. Es raro que a veces el pasado esté más constante en tus pensamientos que el propio presente, andas cavilando, intentando averiguar qué sucederá a continuación, qué pasará mañana. Hacemos planes de futuro, midiendo cada detalle cuidadosamente para que todo salga según lo planeado, buscamos la perfección. Nos desilusiona que después de haber estado planificando todo no salga según lo previsto. Nos enfadamos, tendemos a tener una pataleta infantil. La verdad es que a mí no me gustan los planes, prefiero mayormente que todo vaya surgiendo, que el presente me sorprenda con cosas agradables, pero de todos modos a veces no hay más remedio que planear muchas cosas.
No me gusta pensar en el futuro, simplemente me atosiga y nunca será como nos lo esperamos, ya que el futuro es algo total y completamente incierto.
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