Cristalinas,
saladas,
sinceras,
mentirosas,
amargas,
golosas,
lágrimas.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Amarga receta.
Un sentimiento un tanto contradictorio.
Una pizca de dulzura entre tanta mirada ácida.
Palabras amables por palabras destiladas de veneno.
Garras afiladas que te empujan cuando deberían tenderte la mano.
Buscar y no hallar el cariño deseado.
Abrazos vacíos.
Sonrisa por maquillaje.
Mentiras.
Una pizca de dulzura entre tanta mirada ácida.
Palabras amables por palabras destiladas de veneno.
Garras afiladas que te empujan cuando deberían tenderte la mano.
Buscar y no hallar el cariño deseado.
Abrazos vacíos.
Sonrisa por maquillaje.
Mentiras.
Marcas.
Recuerdos con forma de cicatrices marcadas en tu propia alma. Imborrables eternamente, sin posibilidad de desaparecer sin dejar huella alguna. Pero sigues adelante. Cuando la inspiración te abandona y no te quedan palabras para expresarte. Cuando deambulas sola de madrugada por la ciudad desierta. Perdida. Sin rumbo fijo, miras a las estrellas, buscando su brillo, pero está todo oscuro. Sigues caminando.
martes, 7 de mayo de 2013
Una pasión que sigue ardiendo.
Recuerdo el día que te volví a ver, todo fue tan nuevo para mí, no sabía que podía llegar a reaccionar así. Me arrepiento de no haberte parado, me arrepiento de no haber podido hablar contigo y todo por ser tan tonta y dejarte ir por los nervios. Fue como la primera vez que te vi, mi estómago se cerró con millones de mariposas dentro, me sudaron las manos, ¡mi corazón se volvió loco!, temí por que se saliese y golpease mis costillas, la cabeza me daba vueltas, como si estuviese en una noria, y para colmo me mareé hasta casi desvanecerme. Fueron emociones tan fuertes que no sabía si volvería a sentirlas, no sabía que mi cuerpo podía volver a temblar de tal manera, fui tan ilusa que no creía sentir ya nada por ti. Me equivoqué y quise llorar como una niña pequeña porque sé que no te importo, porque sé que nunca sentirás nada por mí, y, porque desde aquel día sé que nunca dejé de quererte; y tengo miedo, porque no sé si algún día podré amar a alguien tan intensamente como me ocurrió contigo.
Vértigo.
Sus pies titubeantes en el filo de su rascacielos preferido, donde tantas veces había observado y otras tantas había fotografiado. Sus pupilas repararon ante la inmensa ciudad que se desplegaba a su alrededor, tan hermosa que asustaba, ¿cuántos secretos se escondían entre sus calles? Secretos susurrados al oído junto cómplices miradas. Algo que ella había dejado de compartir, se sintió insignificante, diminuta, como una hormiga entre los humanos, como una estrella prendida entre galaxias. Se enredó las costillas con sus brazos instintivamente el gélido viento le lamía la piel, alborotaba sus largos mechones, le enfriaba pero no le importó, ya estaba congelada, rota, en ruinas como la antigua Roma, solo que ella no ardió, se apagó.
Siempre supo ser silenciosa, sabía muy bien pasar desapercibida, gracias a ello estaba aquella azotea. Quieta, sin oír nada, sin embargo en su interior podía percibir la sucesión de notas de moonlihgt sonata, "que ironía" pensó, la canción perfecta en el momento adecuado. Respiró lenta y profundamente, con los ojos cerrados, el aroma a humedad emanado desde la tierra. Parpadeó una vez más, embriagada por las luces, borracha por la tristeza, ante la belleza de la vida en la que había dejado de creer hace mucho, cambiada por llantos y dolor, en un mundo donde apenas nada la ilusionaba. Ella, tan inocente, había pensado mucho, sabía que la música era la que le hacía sentir que estaba viva. Pero nadie mejor que ella sabía que la música no le podía dar amor, ni cariño, comprendía que no era su consejera y mucho menos su confidente. "Ay querida -se dijo- ojalá fueras humana". Sola, sin amiga en la que apoyarse, hundida. Sin salida. Demasiado dolor, demasiado sufrimiento, infinidad de lágrimas derramadas, no aguantaba más esa situación.
Dio un paso adelante, pocos centímetros le separaban del abismo, un paso decisivo, si lo daba caería metros abajo donde le esperaba el frío y duro suelo, como la realidad, el último capítulo, la actuación final. El aire le acarició el rostro, como en una despedida, un soplo de claridad, y, sin más demora sentenció su vida entregando su cuerpo a una muerte segura. Disfrutó de la caída, se deleitó con el viento chocando con su cuerpo, de sus pelos bailando con el silbido de la caída; con los ojos bien abiertos echó la última mirada a la ciudad, jugueteó con sus dedos los volantes del vestido coreografiados con sus cabellos, en ningún momento se arrepintió de haberse lanzado, no sentía miedo, tampoco lloraba, tan solo esbozó una sonrisa, el sufrimiento se acercaba a su fin. Una caída corta que se le antojó eterna...
Respiración entrecortada y el corazón en un puño, ojos azules bien abiertos mirando el gotelé, piernas enredadas en las sábanas, brazos abrazados al torso, despertó del sueño el cual había sido tan palpable como el edredón que estaba en el suelo. No le hizo falta pensar para saber que una parte de ella había muerto en el sueño, estaba atada a una realidad nada agradable. Más destrozada que nunca desde que despertó del sueño con el alma hecha añicos. En silencio unos ojos suplicaban ayuda más que nunca... nadie supo leer su mirada...
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