La lluvia poco a poco va empapando todo, dando un brillo especial a lo que le rodea.
El sutil repiqueteo de las gotas chocando contra el suelo inunda mis oídos, por mi pupila puedo observar el goteado transparente que ha quedado adherido al cristal.
Y aquí me encuentro sentada tras la ventana mirando como la cristalera va llenándose de gotas cristalinas, sin embargo solo puedo capturar este momento en una sencilla foto que con el paso de los años quedará guardada en el frasco de recuerdos olvidados... aunque a lo mejor algún día reaparezcan en mi memoria como una estrella fugaz que surca el cielo estrellado.