Sus ojos color turquesa como los mares tropicales moteados de tonos violetas rodeando su pupila de un negro carbón, iluminados por las últimas caricias del sol, me miraron fijamente con una feroz mirada. Un corazón desbocado y un pecho consumido sin aire; incapaz de darme aliento, me acompañó en el preciso instante en el que sus ojos me encontraron. Me tomó por la cintura llevándome hacia su torso, parecíamos casi un todo. No se sabía donde terminaba él y donde empezaba yo. Lo único que sabíamos fue que nos consumimos por el fuego de nuestros besos.
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