viernes, 6 de septiembre de 2013

Pasión.

Le miré desafiante, con la punta de mi lengua deslizándose sobre mis propios labios, mis dedos mientras tanto jugueteaban agitadamente con mechones de mi largo pelo castaño caramelo. Pausadamente, con pasos sigilosos y su boca medio abierta por el deseo, se acercó a mí, saltaron chispas cuando nuestras miradas estaban a milímetros de distancia, nuestros labios casi se rozaban, nuestros cuerpos estaban completamente pegados, tanto que podía sentir el calor que emanaba su piel contra la mía. Sus fuertes manos se acercaron a mí, una me sujetó la nuca para que por fin nuestros labios se fundieran en uno, fue un beso apasionado a la vez que dulce con sabor a coco, me dejé llevar, me aferré al cuello de su camisa; mientras que su otra mano tiraba de mi zona baja de mi espalada hacia él. Nuestras manos se movían con urgencia, buscándose las unas con las otras, descubriendo los rincones de nuestros cuerpos, actuando apresuradamente. Nuestros labios apenas se separaban, lo necesario para tomar aire, y, dentro de nuestras bocas nuestras lenguas danzaban al compás de nuestros corazones. Mis dedos fueron desabrochando todos los botones de su camisa para poder acariciar su torso desnudo, y él, una vez que me quitó el vestido acarició todo mi tronco y mi pecho, yo no pude hacer otra cosa que deshacerme del placer, era lo que llevaba tanto tiempo esperando, sentir sus manos acariciándome todo el cuerpo, desde los muslos hasta el cuello, incluyendo mi rostro hasta que llegaran sus dedos a mi cabello y quedarse allí enredados. Aquella noche los dos terminamos fundiéndonos en uno, rodeados de placer, pasión y urgencia. 

Suave ronroneo de los motores.

Se alza el avión, sientes la presión contra tu pecho, sientes como se taponan tus oídos, pero la mejor sensación es el cosquilleo que acompaña a todo tu cuerpo. Sube, avanza, acelera, no para, gira y te deslizas un poco a ese lado, no puedes impedir relajarte, dejarte llevar por esa embriagadora sensación. Amas volar y lo que ello conlleva, viajar, conocer lugares y costumbres nuevas, descubrir otro mundo lleno de cosas maravillosas. Andas, recorres la ciudad de cabo a rabo, visitas todo lo que puedes y más, sacas miles de fotos, obtienes miles de recuerdos. Pero no nos desviemos; porque también te encanta volar ya que te sientes libres, porque por unos instantes sientes que todos tus problemas han desaparecido y con ellos tus preocupaciones. ¿A quién no le gusta ver por la ventanilla  el manto de esponjosas nubes que parecen comestibles? Sin embargo la sensación termina, el viaje se acaba, no puede ser para siempre, tienes que volver a la realidad, tienes que hacer cuenta con los problemas y las obligaciones, tu sueño llega a su fin, te quedará un regusto agridulce pero sabroso al mismo tiempo. Se acaba tu libertad. El avión va a aterrizar, sentirás por última vez ese asombroso cosquilleo, los frenos del avión, y, cuando salgas del aeropuerto acompañada de tu equipaje tendrás que sobrevivir y disfrutar de la jungla llena de enemigos y amigos llamada vida. 


miércoles, 8 de mayo de 2013

Enmascaradas o sinceras.

Cristalinas,
saladas,
sinceras,
mentirosas,
amargas,
golosas,
lágrimas.

Amarga receta.

Un sentimiento un tanto contradictorio.
Una pizca de dulzura entre tanta mirada ácida.
Palabras amables por palabras destiladas de veneno.
Garras afiladas que te empujan cuando deberían tenderte la mano.
Buscar y no hallar el cariño deseado.
Abrazos vacíos.
Sonrisa por maquillaje.
Mentiras.

Marcas.

Recuerdos con forma de cicatrices marcadas en tu propia alma. Imborrables eternamente, sin posibilidad de desaparecer sin dejar huella alguna. Pero sigues adelante. Cuando la inspiración te abandona y no te quedan palabras para expresarte. Cuando deambulas sola de madrugada por la ciudad desierta. Perdida. Sin rumbo fijo, miras a las estrellas, buscando su brillo, pero está todo oscuro. Sigues caminando.

martes, 7 de mayo de 2013

Una pasión que sigue ardiendo.

Recuerdo el día que te volví a ver, todo fue tan nuevo para mí, no sabía que podía llegar a reaccionar así. Me arrepiento de no haberte parado, me arrepiento de no haber podido hablar contigo y todo por ser tan tonta y dejarte ir por los nervios. Fue como la primera vez que te vi, mi estómago se cerró con millones de mariposas dentro, me sudaron las manos, ¡mi corazón se volvió loco!, temí por que se saliese y golpease mis costillas, la cabeza me daba vueltas, como si estuviese en una noria, y para colmo me mareé hasta casi desvanecerme. Fueron emociones tan fuertes que no sabía si volvería a sentirlas, no sabía que mi cuerpo podía volver a temblar de tal manera, fui tan ilusa que no creía sentir ya nada por ti. Me equivoqué y quise llorar como una niña pequeña porque sé que no te importo, porque sé que nunca sentirás nada por mí, y, porque desde aquel día sé que nunca dejé de quererte; y tengo miedo, porque no sé si algún día podré amar a alguien tan intensamente como me ocurrió contigo. 

Vértigo.

Sus pies titubeantes en el filo de su rascacielos preferido, donde tantas veces había observado y otras tantas había fotografiado. Sus pupilas repararon ante la inmensa ciudad que se desplegaba a su alrededor, tan hermosa que asustaba, ¿cuántos secretos se escondían entre sus calles? Secretos susurrados al oído junto cómplices miradas. Algo que ella había dejado de compartir, se sintió insignificante, diminuta, como una hormiga entre los humanos, como una estrella prendida entre galaxias. Se enredó las costillas con sus brazos instintivamente  el gélido viento le lamía la piel, alborotaba sus largos mechones, le enfriaba pero no le importó, ya estaba congelada, rota, en ruinas como la antigua Roma, solo que ella no ardió, se apagó. 
Siempre supo ser silenciosa, sabía muy bien pasar desapercibida, gracias a ello estaba aquella azotea. Quieta, sin oír nada, sin embargo en su interior podía percibir la sucesión de notas de moonlihgt sonata, "que ironía" pensó, la canción perfecta en el momento adecuado. Respiró lenta y profundamente, con los ojos cerrados, el aroma a humedad emanado desde la tierra. Parpadeó una vez más, embriagada por las luces, borracha por la tristeza, ante la belleza de la vida en la que había dejado de creer hace mucho, cambiada por llantos y dolor, en un mundo donde apenas nada la ilusionaba. Ella, tan inocente, había pensado mucho, sabía que la música era la que le hacía sentir que estaba viva. Pero nadie mejor que ella sabía que la música no le podía dar amor, ni cariño, comprendía que no era su consejera y mucho menos su confidente. "Ay querida -se dijo- ojalá fueras humana". Sola, sin amiga en la que apoyarse, hundida. Sin salida. Demasiado dolor, demasiado sufrimiento, infinidad de lágrimas derramadas, no aguantaba más esa situación. 
Dio un paso adelante, pocos centímetros le separaban del abismo, un paso decisivo, si lo daba caería metros abajo donde le esperaba el frío y duro suelo, como la realidad, el último capítulo, la actuación final. El aire le acarició el rostro, como en una despedida, un soplo de claridad, y, sin más demora sentenció su vida entregando su cuerpo a una muerte segura. Disfrutó de la caída, se deleitó con el viento chocando con su cuerpo, de sus pelos bailando con el silbido de la caída; con los ojos bien abiertos echó la última mirada a la ciudad, jugueteó con sus dedos los volantes del vestido coreografiados con sus cabellos, en ningún momento se arrepintió de haberse lanzado, no sentía miedo, tampoco lloraba, tan solo esbozó una sonrisa, el sufrimiento se acercaba a su fin. Una caída corta que se le antojó eterna...

Respiración entrecortada y el corazón en un puño, ojos azules bien abiertos mirando el gotelé, piernas enredadas en las sábanas, brazos abrazados al torso, despertó del sueño el cual había sido tan palpable como el edredón que estaba en el suelo. No le hizo falta pensar para saber que una parte de ella había muerto en el sueño, estaba atada a una realidad nada agradable. Más destrozada que nunca desde que despertó del sueño con el alma hecha añicos. En silencio unos ojos suplicaban ayuda más que nunca... nadie supo leer su mirada...