Caprichosos recuerdos que vuelven a mi memoria. Pensamientos fugaces más hirientes que un golpe asestado en el punto perfecto, vienen y van a su antojo; sin control. Y yo incapaz de hacer nada recibo cada golpe con todas mis fuerzas, aguantando todo lo que puedo sin moverme ni un solo centímetro, sin embargo mi energía se agota y no sé cuanto tiempo podré seguir en pie.
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